Cuando pensamos en reformar un baño solemos empezar por el plato, los sanitarios, los muebles o el alicatado. Sin embargo, una parte importante del resultado queda escondida detrás de los acabados.
¿Merece la pena revisar la fontanería durante la reforma?
Depende del estado y la antigüedad de la instalación y de cuánto vaya a cambiar la distribución. Aprovechar una obra puede ser una buena oportunidad para valorar elementos que después volverán a quedar ocultos.
¿Hay que cambiar todas las tuberías?
No por sistema. Revisamos qué existe, su estado y el alcance de la reforma para decidir qué merece conservarse y qué puede ser razonable renovar.
¿Por qué importa coordinar fontanería y alicatado?
Porque grifería, sanitarios, registros, desagües y revestimientos terminan formando un único conjunto. Una buena coordinación evita remates forzados y problemas posteriores.
¿Cómo planteamos una reforma?
Partimos de lo que quieres conseguir y de la instalación real que encontramos. A partir de ahí definimos los trabajos necesarios y coordinamos las distintas partidas para que la reforma tenga sentido técnico y estético.